URBANISMO

El puente peatonal de Tlalpan que divide opiniones entre vecinos y usuarios

El puente peatonal elevado en Calzada de Tlalpan fue presentado como una "solución de conectividad"

Puente peatonal elevado en Calzada de Tlalpan.
Puente peatonal elevado en Calzada de Tlalpan.Créditos: @santiago_macintosh
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La Calzada de Tlalpan es una de las arterias más importantes del sur de la Ciudad de México y durante décadas ha dividido colonias, comunidades y negocios en dos franjas que apenas se comunican. El puente peatonal elevado de Tlalpan fue la respuesta que el gobierno capitalino eligió para atender esa fractura urbana, pero la obra terminada dista de resolver el problema de fondo y acumula críticas desde su construcción hasta su resultado final.

El primer problema es estructural: un puente elevado no integra los dos lados de una avenida, los conecta por arriba. La solución real para una calzada de esas dimensiones no pasa por elevar al peatón sobre el conflicto, sino por resolverlo a nivel de calle. El puente peatonal de Calzada de Tlalpan obliga a quienes lo usan a subir y bajar escaleras o rampas para cruzar, lo que en la práctica excluye o dificulta el tránsito de ciclistas, personas con movilidad reducida, adultos mayores y cualquier usuario con carriola o carga. La accesibilidad universal, que debería ser un requisito no negociable en obra pública de esta magnitud, que quedó pendiente durante la construcción.

La afectación visual es otro punto de quiebre. La estructura elevada tapa la línea de visión de negocios, balcones y departamentos en los inmuebles aledaños, algo que los vecinos advirtieron desde que comenzaron los trabajos y que no fue atendido en el diseño final. Lejos de integrarse al entorno urbano, el puente peatonal de Tlalpan impone su presencia sobre una zona que ya tiene problemas de densidad visual y que requería intervenciones más sensibles con el tejido construido existente.

Foto: Render con IA de la Calzada de Tlalpan en un proyecto alterno

¿Qué pudo haberse hecho en lugar del puente peatonal de Tlalpan?

El dinero invertido en el puente peatonal de Calzada de Tlalpan abre una pregunta legítima: ¿había una mejor forma de gastar esos recursos? La respuesta es sí, y no requería imaginación desbordada. Una alternativa de fondo habría sido someter el tramo del Metro Línea 2 que corre sobre Tlalpan a un proyecto de soterrado, llevando las vías al subsuelo y liberando la superficie para una transformación urbana real.

Con la línea 2 soterrada, Calzada de Tlalpan podría convertirse en un boulevard peatonal con vía ciclista integrada y trolebús biarticulado rápido y confinado para desahogar al metro, pasos a nivel con semáforos inteligentes, vegetación de alto porte y una conexión fluida entre los dos lados de la avenida sin barreras físicas ni estructuras que rompan el paisaje urbano. Ese modelo, aplicado con éxito en otras ciudades del mundo, habría resuelto el problema de movilidad, el problema ambiental y el problema de identidad urbana de una sola vez, con una inversión que en el largo plazo se justifica sola por el valor que genera en el entorno.

La obra del puente peatonal de Tlalpan también compromete la operación del Metro en el tramo elevado, al agregar una estructura adyacente que no fue considerada en el diseño original de la infraestructura ferroviaria. Ese detalle no es menor: intervenir el entorno inmediato de una línea del Metro sin una evaluación de impacto técnico rigurosa puede derivar en complicaciones operativas o de mantenimiento en el mediano plazo.

El Mundial que México conocía desde hace años y el puente de Tlalpan que llegó tarde

Hay un elemento de contexto que vuelve aún más cuestionable la prisa con la que se ejecutó el puente peatonal de Calzada de Tlalpan: México fue notificado con años de anticipación de que sería sede de la Copa FIFA 2026. Esa certeza debió traducirse en planeación urbana de largo plazo, no en obras aceleradas que no resuelven el problema estructural pero sí generan impacto visual inmediato.

Una ciudad que conoce con años de anticipación que recibirá a millones de visitantes tiene la obligación de planificar con ese horizonte temporal. El puente peatonal de Tlalpan, con su diseño que no corresponde a los renders originales, su falta de accesibilidad durante la construcción y su incapacidad para integrar realmente los dos lados de la calzada, es el síntoma de una ciudad que sigue respondiendo a la urgencia en lugar de anticiparse a ella con soluciones urbanas a la altura del desafío.