DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Violencia contra mujeres periodistas, al alza: CIMAC

De acuerdo con el informe de la ONG, las mujeres del gremio representan el 37.13% de las víctimas, mientras que los hombres el 62.87 por ciento.

La CIMAC señaló que las campañas de desprestigio aún son herramientas para socavar la credibilidad de las mujeres periodistas.
La CIMAC señaló que las campañas de desprestigio aún son herramientas para socavar la credibilidad de las mujeres periodistas.Créditos: Cuartoscuro.
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En su informe sobre las agresiones contra mujeres periodistas registradas por el Programa de Libertad de Expresión y Género de Comunicación e Información de la Mujer, A.C. (CIMAC), 2025, datos acumulados en los últimos 23 años muestran una tendencia preocupante. La violencia contra mujeres periodistas ha ido cerrando la brecha histórica por cada agresión cometida contra una mujer periodista, se registran aproximadamente 1.69 agresiones contra hombres periodistas. Es decir, por cada 10 agresiones contra hombres, se registran cerca de 5.9 agresiones contra mujeres. En términos porcentuales, las mujeres representan el 37.13% de las víctimas y los hombres el 62.87%. La intensificación de las agresiones hacia las mujeres se da en un contexto donde su presencia en el espacio público y mediático resulta cada vez más incómoda para distintos actores de poder como expresión de un entorno cada vez más hostil para quienes informan desde enfoques críticos vinculados a la defensa de derechos, las desigualdades y las violencias.

“Las campañas de desprestigio y la estigmatización continúan siendo herramientas recurrentes de deslegitimación utilizadas para socavar la credibilidad de las mujeres periodistas ante la opinión pública, generando entornos de desconfianza, aislamiento y autocensura”, remarcó Cirenia Celestino Ortega, directora de CIMAC.

“En el escenario político, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el feminismo se mantuvo como una interlocución incómoda y no incorporada a ese proyecto político. Con la llegada de un nuevo gobierno encabezado por una mujer, Claudia Sheinbaum Pardo, esta narrativa se reconfigura. El feminismo es incorporado al discurso oficial bajo la consigna de que “es tiempo de mujeres”, apunta el informe.

Sin embargo, esta apropiación institucional del feminismo no ha ido acompañada de un reconocimiento explícito del movimiento feminista contemporáneo, de sus luchas históricas, ni de una transformación estructural de las condiciones que producen la violencia patriarcal. Por el contrario, la referencia constante a las mujeres como símbolo convive entre el discurso y la desprotección y el agravamiento de la violencia contra mujeres periodistas permanece invisibilizada en la agenda pública, añade el organismo.

Las agresiones documentadas por CIMAC evidencian que la violencia contra mujeres periodistas no se limita a amenazas, censura, agresiones físicas, acoso judicial o detenciones arbitrarias asociadas al ejercicio informativo –violencia que también enfrentan los hombres periodistas–, sino que se ve agravada por ataques específicos basados en el género. Estas agresiones incluyen hostigamiento y acoso sexual y laboral, amenazas de violencia sexual, descalificaciones sobre su apariencia, orientación sexual o vida personal, así como ataques dirigidos a sus vínculos afectivos y familiares, especialmente a sus hijas e hijos. 

No se trata de hechos aislados, sino de un continuum de violencia que se expresa en las salas de redacción, en las coberturas de calle, en los espacios digitales, en la relación con fuentes y autoridades, y con sus colegas o jefes. Además, la desigualdad en algunos medios se refleja en salarios más bajos, menor reconocimiento profesional y mayor precariedad laboral, lo que agrava su vulnerabilidad frente a las agresiones. En muchos casos, las amenazas buscan minarlas emocionalmente y ejercer control sobre sus decisiones, indica.

La instrumentalización de la maternidad y el trabajo del cuidado como mecanismos de coerción responde a una lógica patriarcal que ha utilizado históricamente estos vínculos para disciplinar a las mujeres, reforzar mandatos de sacrificio y limitar su autonomía en el

espacio público. Estas prácticas se articulan directamente con intentos de censura y silenciamiento, lo que genera un impacto diferenciado que trasciende la esfera profesional y se proyecta sobre su identidad, su vida personal y sus redes de apoyo, se remarca en el reporte.

Asimismo, este informe advierte sobre la concentración geográfica de los casos documentados, particularmente en la Ciudad de México. Esta situación no debe interpretarse de manera simplista como un indicador absoluto de mayor peligrosidad en comparación con otros territorios atravesados por la violencia sociopolítica y criminal. Por el contrario, refleja condiciones diferenciadas de denuncia, visibilización y documentación, así como el papel de la capital como ciudad de acogida para mujeres periodistas desplazadas internamente y como centro político y mediático del país, resalta Cimac.

En contextos marcados por dinámicas de necropolítica, la violencia extrema y el control territorial inhiben la denuncia y producen subregistros sistemáticos que también deben ser leídos como parte del problema.

CIMAC señala que la violencia contra las mujeres periodistas es un fenómeno extendido y estructural en todo el territorio nacional. Dichos datos reflejan tanto la persistencia de los ataques como el agravamiento de las condiciones de riesgo que enfrentan las periodistas. La débil o nula transversalización del enfoque de género las desprotege y facilita que la

violencia siga escalando.

Asimismo, las formas de violencia documentadas ponen en evidencia una reconfiguración de los mecanismos de ataque contra las mujeres periodistas. Si bien la violencia psicológica

se mantiene como la modalidad más recurrente de control, censura y silenciamiento; en 2025, las amenazas y las campañas de desprestigio fueron las agresiones más frecuentes, después de la intimidación y el hostigamiento.

Pese a que en 2025 la violencia física mostró una disminución relativa con respecto a 2024, este cambio no representa una mejora en las condiciones de seguridad, sino un desplazamiento hacia formas simbólicas y psicológicas de agresión. Estas modalidades implican una transformación de los mecanismos de censura hacia estrategias más sutiles, difíciles de rastrear, denunciar y sancionar. Las campañas de desprestigio y la estigmatización continúan siendo herramientas recurrentes de deslegitimación utilizadas para socavar la credibilidad de las mujeres periodistas ante la opinión pública, generando entornos de desconfianza, aislamiento y autocensura. 

El descrédito proviene principalmente de personas funcionarias públicas, quienes reproducen discursos estigmatizantes tanto en espacios comunitarios e institucionales como en plataformas digitales, remarca CIMAC.

En el ámbito comunitario e institucional, las agresiones se han manifestado en conferencias de prensa, entrevistas o declaraciones oficiales, donde las periodistas fueron ridiculizadas o señaladas públicamente como represalia por hacer cuestionamientos críticos; documentamos casos en los que algunas autoridades locales desvían los cuestionamientos de interés público “hacía aspectos personales o de apariencia física de las periodistas, reproduciendo comportamientos misóginos y discriminatorios con el propósito de desacreditar su trabajo y restar legitimidad a sus argumentos.

También se registran episodios en los que personas servidoras públicas adoptaron una actitud confortativa hacia la prensa, negándose a responder preguntas o calificando las entrevistas como “tendenciosas”. Este tipo de conductas refuerza la narrativa de desprestigio hacia las mujeres periodistas y envía un mensaje intimidante al resto del gremio.

Un ejemplo de ello son los ataques sistemáticos en redes sociales hacia mujeres periodistas, quienes son objeto de insultos y expresiones misóginas, en ocasiones provenientes de otros comunicadores. Las agresiones digitales dirigidas a ellas incluyen calificativos como “feminista resentida”, “necesitada de atención masculina” o “textoservidora”. En otro caso, una periodista fue víctima de una campaña de difamación en TikTok, donde se difundieron imágenes personales acompañadas de frases violentas y vejatorias.

Las amenazas directas se concentran principalmente en el espacio comunitario, donde las periodistas son interceptadas por vehículos con hombres armados o intimidadas por personas servidoras públicas —en su mayoría policías— durante coberturas informativas. 

“En diversas ocasiones, los agresores se desplazan en grupo y se dirigen a las periodistas por su nombre, lo que evidencia acciones premeditadas. Durante coberturas en zonas de riesgo, se documentaron incidentes en los que hombres armados o elementos policiales increpan a las periodistas con un manejo intimidante de armas como acto de amedrentamiento. Al combinar vigilancia, hostigamiento y amenazas verbales, se busca infundir miedo y desalentar la cobertura de temas sensibles como seguridad, corrupción o estructuras criminales. También hemos registrado casos en los que las amenazas se mezclan con actos de censura directa”, concluye CIMAC.