En las últimas semanas, las plazas de ciudades como Monterrey y Buenos Aires han sido testigos de un fenómeno que confunde a los transeúntes: jóvenes con máscaras artesanales saltando obstáculos en cuatro patas. Son los therians, una subcultura que ha explotado en TikTok y YouTube, pero cuya raíz es mucho más profunda que un simple reto viral.
A diferencia del fandom furry, donde los usuarios crean personajes (fursonas) como un hobby artístico, los therians sostienen que su identidad es involuntaria. Para ellos, su esencia o "cableado" interno corresponde a un animal —llamado theriotipo—, sintiéndose a menudo como "animales atrapados en cuerpos humanos". Esta conexión puede ser espiritual, psicológica o basada en la creencia de vidas pasadas.
El motor de su visibilidad actual son los quadrobics, una disciplina física que imita la locomoción animal. Aunque para muchos es un ejercicio de alta intensidad que mejora la agilidad, para la comunidad therian es la forma definitiva de expresar su instinto.
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Sin embargo, el fenómeno no está libre de controversia. Expertos en salud mental señalan que, si bien la exploración de identidad es normal en la adolescencia, el aislamiento en comunidades digitales que rechazan la condición humana de forma rígida debe ser observado. "No es una patología en sí misma, pero sí un síntoma de cómo la Generación Alfa busca refugio ante las presiones de un mundo hiperdigitalizado", explican especialistas consultados.
Mientras la desinformación sobre "cajas de arena en escuelas" sigue circulando como un mito urbano, la realidad es que el movimiento therian está redefiniendo los límites de la identidad digital y la pertenencia social en 2026.
