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A diez años de haber iniciado negociaciones y a ocho de haber llegado a un principio de acuerdo, el marco institucional de las relaciones entre México y la Unión Europea será renovado.
La firma y posterior entrada en vigor del Acuerdo Global y el componente provisional comercial elevará las relaciones a una nueva dimensión, que pondrá a disposición de los socios las herramientas indispensables para profundizar en los ámbitos político, comercial y de cooperación.
En el ámbito de los negocios dotará a las relaciones de disciplinas que no se tienen. El Acuerdo Global en vigor desde el 2000, fue ante todo un acuerdo sobre temas industriales.
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El tratado comercial actualizado, añadirá a las relaciones prácticamente todo lo que se quedó fuera en el acuerdo vigente, es decir, abrirá el mercado agrícola, creará disciplinas para dar certidumbre a inversiones y el comercio, dará paso a nuevas plataformas de cooperación y a herramientas para arreglar problemas que pudieran emerger. Habrá reglas de origen modernizadas, prácticamente para dos terceras partes de los productos.
En síntesis, es un paso importante tanto para México como la Unión Europea ante el incierto y complejo contexto global, y ante el cual hay necesidad de diversificar el comercio y crear alianzas con países y bloques a fines al pensamiento del libre mercado, la reciprocidad y el orden global basado en reglas.
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Para que entre en vigor el acuerdo comercial modernizado, se requerirá solo del visto bueno del Parlamento Europeo y del Congreso Mexicano.
En tanto que el Acuerdo Global renovado, para que pueda tener luz verde, necesitará de la aprobación de los parlamentos nacionales de todos los Estados miembros de la Unión.
Una vez que entren en vigor, el gran desafío será que mexicanos y europeos saquen ventaja de las oportunidades potenciales.
Concretamente en materia comercial, el gran reto consistirá que los mexicanos hagan la tarea. Es decir, que salgan de su zona de confort, que es exportar a Estados Unidos y volteen a ver a Europa, un mercado con 450 millones de consumidores con alto poder adquisitivo, pero que tienen reglas más rigurosas, pensando en la calidad de los alimentos, la salud de los consumidores, el medio ambiente y la sustentabilidad.
Tal y como lo señala César Guerra, antiguo jefe del equipo mexicano que negoció el acuerdo, y ahora Secretario Ejecutivo de la Cámara de Comercio Unión Europea-México.
Pero las relaciones bilaterales no se limitan solo al comercio, el pacto renovado incluirá normas innovadoras para hacer frente a la corrupción, establecerá compromisos jurídicamente vinculantes en materia de derechos laborales, protección del medio ambiente, cambio climático y conducta empresarial responsable.
Habrá mayor supervisión y transparencia, el acuerdo concederá a las organizaciones de la sociedad civil el papel de supervisor y asesor sobre la aplicación de todo el acuerdo.
