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La crisis en Irán y el estrecho de Ormuz ha evidenciado una vez más la vulnerabilidad de Europa y de los hogares europeos ante las perturbaciones en el suministro de los energéticos.
No solo el precio de la gasolina y el gas ha incrementado, también el de una amplia gama de productos, desde plásticos hasta fertilizantes.
Los impactos se sienten hoy y serán duraderos, afirma el Comisario Europeo de Energía, Dan Jorgensen.
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“Desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, nuestra factura por la importación de combustibles fósiles ha aumentado en más de mil millones de euros, lo que supone más de 500 millones de euros al día. Estos costes se están dejando sentir aquí y ahora en los hogares y las empresas de toda Europa, pero el verdadero impacto de esta crisis es a largo plazo, es incalculable e impredecible”.
Los países europeos han comenzado a tomar medidas. Alemania anunció una reducción especial del impuesto aplicado a la gasolina, equivalente a 17 centavos de litro. La medida tiene una duración de dos meses y está dirigida a ayudar directamente al bolsillo de los alemanes.
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Holanda ha puesto en marcha un paquete de contención por mil millones de euros. Parte de los dineros será para ayudar a los automovilistas de bajos y medianos ingresos a cambiar su auto de gasolina por uno eléctrico.
Austria, por su parte, está dando subsidios para reemplazar los viejos calentadores de gas.
A los esfuerzos nacionales, se suman los realizados a nivel de la Unión Europea, que acaba de lanzar una propuesta bautizada con el nombre EU Accelerate, una propuesta dirigida a acelerar la transición energética, la cual requiere de una inversión de alrededor de 660 mil millones de euros anuales de aquí hasta 2030.
Comisario Jorgensen: “Ahora está más claro que nunca, que la energía limpia es sinónimo de seguridad, de precios asequibles e independencia”.
¿En qué consiste la nueva propuesta? En hacer más atractivas las energías renovables frente a las fósiles. Por ejemplo, fijando impuestos más bajos a la electricidad frente a la gasolina. También sugiere reducir el IVA en la compra de bombas de calor, calderas y paneles solares.
La propuesta también está dirigida a cambiar usos y costumbres, concretamente propone que la jornada laboral incluya por lo menos un día de trabajo a la semana en el hogar, lo cual reduciría considerablemente el uso de combustible, al tiempo que generaría beneficios para el medio ambiente por la reducción de emisiones y el tráfico vial.
Europa no sería la primera en implementar la medida. Como reacción a la crisis energética desencadenada por la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, muchos países de Asia, entre ellos Indonesia, Pakistán, Vietnam, Tailandia, Sri Lanka y Malasia, se han visto obligados a implementar el teletrabajo para bajar el consumo de los combustibles fósiles.
La Comisión Europea no pretende que sea una medida pasajera como se espera que sea en los países de Asia. La Comisión quiere que el teletrabajo sea un ejercicio permanente para contribuir a la reducción del consumo de combustibles fósiles.
