El Estrecho de Ormuz se convirtió este sábado 11 de abril de 2026 en el epicentro de una renovada tensión internacional. Por primera vez desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero, destructores de la Armada de los Estados Unidos intentaron transitar por este canal estratégico, vital para el suministro energético global, en una operación que ha generado reportes contradictorios entre Washington y Teherán.
De acuerdo con informes de Axios y The Wall Street Journal, los destructores USS Frank E. Peterson y USS Michael Murphy iniciaron maniobras para ingresar al Golfo Pérsico. El objetivo declarado por el Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) es establecer las condiciones necesarias para la limpieza de minas y garantizar la reapertura de una ruta por la que transita el 20% del petróleo mundial.
Entre la diplomacia y la amenaza militar
A pesar de las intenciones de despejar la zona, la operación no estuvo exenta de incidentes. Reportes de Bloomberg indican que al menos un destructor estadounidense habría rectificado su rumbo tras recibir advertencias directas de las fuerzas iraníes, que amenazaron con abrir fuego si los buques continuaban su avance. Mientras medios estatales de Irán negaron inicialmente el éxito del tránsito, en Washington el panorama se presentó de forma distinta.
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El presidente Donald Trump utilizó sus plataformas digitales para asegurar que la "limpieza" del estrecho ha comenzado, calificando la acción como un beneficio para la comunidad internacional y afirmando que la amenaza de los minadores iraníes ha sido neutralizada.
Un escenario volátil en Islamabad
Este roce militar ocurre en un momento de extrema fragilidad diplomática. En Islamabad, Pakistán, delegaciones de alto nivel de ambos países han iniciado mesas de negociación con el fin de alcanzar un acuerdo de paz, bajo el marco de un cese al fuego temporal de dos semanas.
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Mientras la incertidumbre persiste en el ámbito militar, el sector comercial muestra señales de reactivación. Este sábado se registró un ligero incremento en el flujo de buques petroleros de naciones como China, Grecia e India, aunque el volumen de tráfico aún dista considerablemente de los niveles previos al conflicto que ha mantenido en vilo a los mercados energéticos.
