Hoy, miércoles 25 de marzo, la histórica catedral del Reino Unido fue testigo del ascenso de Sarah Mullally como la nueva arzobispa de Canterbury titular.
La atmósfera en la cuna espiritual del anglicanismo se transformó para recibir a una figura que representa tanto un cambio de mando, como una evolución profunda en las tradiciones de una fe que hoy busca mantenerse vigente ante los retos del laicismo moderno.
Foto: EFE
Sarah Mullally: De la enfermería al báculo mayor
La trayectoria de la nueva arzobispa de Canterbury rompe con los moldes convencionales de la jerarquía eclesiástica. Sarah Mullally, de 63 años, dedicó la mitad de su vida a la enfermería antes de su conversión y posterior ordenación sacerdotal, un proceso que en la Iglesia anglicana apenas permite el acceso a mujeres desde hace doce años.
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En una ceremonia cargada de solemnidad y lujo, recibió el báculo sagrado ante la mirada de invitados de diversos credos y los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina. Entre lágrimas, se comparó con un instrumento divino, similar a la Virgen María, marcando un hito para las mujeres en una comunidad que suma 85 millones de fieles en todo el mundo.
Una ceremonia con sello mexicano y global
La entronización destacó por su marcado carácter cosmopolita, reflejando la expansión del anglicanismo hacia Asia y África. Se escucharon cantos en swahili y plegarias en urdu, pero el momento que resonó con fuerza para el público hispano fue la lectura del evangelio de San Lucas, realizada íntegramente en español por una obispa mexicana.
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Este gesto inclusivo contrastó con la realidad local en las islas británicas, donde solo un millón de personas se consideran "practicantes regulares" hoy en día.
Los retos ante un posible cisma de la arzobispa de Canterbury
A pesar de las salvas de aplausos, el camino de Mullally no estará libre de una labor pesada y tensiones. Su nombramiento ocurre mientras un sector conservador en África, liderado por el arzobispo ruandés Laurent Mbanda, amenaza con un cisma definitivo en rechazo a la ordenación de mujeres y al matrimonio igualitario.
Fiel al espíritu de evitar confrontaciones, la primada enfocó su primer sermón en un llamado genérico a la paz en regiones como Ucrania, Sudán y Birmania. Con este acto, se busca cerrar las heridas del pasado dejadas por su predecesor, abriendo una nueva etapa bajo el mando de Sarah Mullally como arzobispa de Canterbury.
Con información de EFE.
