En el oscuro entramado de poder y abusos que sacudió a la élite mundial, el nombre de Juliette Bryant emerge como un recordatorio de que las víctimas de Jeffrey Epstein no solo se encontraban en Estados Unidos o Europa.
Desde las costas de Sudáfrica, el alcance del magnate pederasta extendió sus tentáculos para atrapar a jóvenes con sueños de modelaje y familias en crisis económica, utilizando una maquinaria de manipulación que apenas hoy comienza a comprenderse en toda su magnitud tras una investigación presentada por la cadena Sky News.
Foto: EFE
Risas y terror a bordo del jet privado
Un testimonio de las víctimas de Jeffrey Epstein sitúa el inicio del horror en 2002, cuando Juliette Bryant tenía solo 20 años. Según relató, tras ser reclutada en un restaurante donde Epstein se encontraba con figuras como Bill Clinton, Kevin Spacey y Chris Tucker, fue enviada a Nueva York.
Te podría interesar
Sin embargo, la verdadera pesadilla comenzó en un vuelo privado hacia el Caribe; mientras el financiero la agredía sexualmente al despegar, las mujeres que originalmente la habían reclutado en Ciudad del Cabo simplemente se reían de su terror.
El encierro en la isla y las víctimas de Jeffrey Epstein
Una vez en la propiedad privada, la joven se enfrentó a un aislamiento total del que era físicamente imposible huir. "No había forma de escapar, tenían mi pasaporte y no era lo suficientemente fuerte para nadar fuera de ahí", confesó la sobreviviente, quien era llamada a la habitación de Jeffrey Epstein repetidamente para ser violada.
Te podría interesar
El control era tan profundo que Juliette describe su experiencia como estar "esposada invisiblemente", un vínculo psicológico que la llevó a enviarle correos electrónicos incluso años después de su liberación por el miedo constante de sentirse vigilada por el depredador.
Foto: EFE
El trauma persistente y la falta de privacidad
En la actualidad, el calvario para las víctimas de Jeffrey Epstein continúa debido a la exposición mediática y las filtraciones del Departamento de Justicia que, en muchos casos, han publicado nombres y correos sin la protección debida. Para Juliette Bryant, ver el rostro de su abusador en redes sociales le provoca malestar físico.
