Con la llegada del invierno, uno de los monumentos más emblemáticos del mundo vuelve a ser protagonista de imágenes virales. En varios tramos de la Gran Muralla China, las bajas temperaturas y la humedad han provocado la formación de capas de hielo que convierten sus pendientes de piedra en un auténtico tobogán natural, generando asombro y también preocupación.
Videos y fotografías difundidas en redes sociales muestran a visitantes deslizándose involuntariamente por secciones congeladas del muro, una escena que ha sido descrita como la “pista de hielo más larga de Asia”.
Aunque para algunos se trata de una experiencia inesperada y casi divertida, expertos y autoridades advierten sobre los riesgos que implica.
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Un fenómeno recurrente cada invierno
Durante los meses más fríos, especialmente entre diciembre y febrero, regiones del norte de China registran temperaturas bajo cero.
En ese contexto, la nieve y el hielo se acumulan sobre los escalones, rampas de la muralla, particularmente en zonas como Badaling, Mutianyu y Jinshanling, que reciben miles de visitantes incluso en temporada invernal.
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A pesar de las condiciones climáticas, muchos tramos permanecen abiertos al público. Esto ha generado cuestionamientos sobre las medidas de seguridad, ya que el diseño irregular del monumento, sumado al hielo, incrementa el riesgo de caídas y lesiones.
Cerrar la Gran Muralla China afecta economía local
La permanencia de la Gran Muralla abierta durante el invierno ha sido motivo de debate. Autoridades locales suelen colocar señales de advertencia y, en algunos casos, cuerdas o barandales adicionales, pero no siempre cierran las zonas más resbalosas. Esta decisión responde tanto al interés turístico como a criterios administrativos internos.
Funcionarios han señalado en ocasiones que cerrar completamente el sitio afectaría la economía local, ya que el turismo es una fuente clave de ingresos, incluso fuera de la temporada alta.
Especialistas recomiendan extremar precauciones
Aunque algunos visitantes consideran el hielo parte del encanto invernal del monumento, especialistas recomiendan extremar precauciones, usar calzado adecuado y evitar caminar por zonas visiblemente congeladas.
La Gran Muralla China, con más de 21 mil kilómetros de extensión, sigue demostrando que no solo es un vestigio histórico, sino también un escenario donde la naturaleza y la actividad humana se cruzan de formas inesperadas.
