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En colaboración con Ana Francisca Vega, para MVS Noticias, Óscar Balderas, periodista especializado en temas de seguridad, abordó el caso de “Los Mapaches” de Nueva Italia, quienes fueron detenidos por agentes de la entonces Procuraduría General de la República, acusados de presuntos vínculos con el grupo criminal La Familia Michoacana, en una historia que entrelaza crimen organizado y fútbol.
La historia de los Mapaches comenzó en 2006, en la Tercera División del futbol mexicano. A pesar de representar a una comunidad empobrecida en el municipio de Múgica, en la zona de Tierra Caliente, Michoacán, el club exhibía una opulencia inusual.
Viajaban en un autobús Marco Polo con asientos tipo cama de 180 grados y pantallas planas; además, sus jugadores utilizaban botines de alta gama y balones oficiales de la FIFA.
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Sobre este fenómeno, Balderas explicó: "Abajo de la gloria, abajo de la épica del deporte, pues también se mueve el crimen organizado [...] el nombre del juego es ganar territorio".
La caída en el “Nido” del América
Tras un ascenso meteórico a la Segunda División, el equipo encontró su final el 8 de octubre de 2008. Luego de perder 4-0 contra la filial de las Águilas del América en la Ciudad de México, agentes federales rodearon al equipo. Las autoridades ejecutaron cerca de 20 órdenes de aprehensión contra jugadores y la directiva.
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El dueño, Henceslao Álvarez, se presentaba como un promotor deportivo, pero en realidad fungía como testaferro de Servando Gómez, "La Tuta", líder de La Familia Michoacana. Álvarez pasó casi una década en un penal de máxima seguridad antes de ser extraditado a Estados Unidos en 2017.
Lavado de dinero y un sistema opaco
El objetivo real del equipo no era el deporte. "Era toda una fachada para lavar dinero [...] lavar dinero en el fútbol, pero sobre todo en la segunda división es extremadamente fácil", destacó el periodista.
Mediante la alteración de libros contables, taquillas en efectivo o la inflación subjetiva del valor de los jugadores, los cárteles logran ingresar dinero sucio a la compleja estructura de la Federación Mexicana de Fútbol, la cual resulta sumamente difícil de auditar.
El nivel de infiltración era tal, que algunos jugadores de los Mapaches destacaban por su extrema violencia en la cancha, levantando sospechas de que en realidad operaban como sicarios del cártel. Además, la influencia criminal llegaba hasta las amenazas directas contra árbitros para amañar partidos.
De cara a los próximos eventos mundialistas en México, las autoridades ya enfrentan nuevos delitos. Recientemente, en Quintana Roo, se desmanteló un call center del Cártel Jalisco Nueva Generación que vendía paquetes de boletos falsos, sumado a las alertas por el posible incremento de la trata de personas.
A pesar de las evidencias, el aficionado suele mirar hacia otro lado. Como reflexiona Balderas respecto a la indulgencia social con el deporte: "¿Quién quiere auditar a sus ídolos? [...] Pareciera que hay un algo como de impunidad que no les queremos quitar".
