ENTREVISTAS ANA FRANCISCA VEGA

Ecocidio y 'cara de viejitos': El impacto ambiental y humano de los laboratorios de droga en México

El periodista de Milenio, Amílcar Salazar, revela que tras 20 años de actividad, los laboratorios clandestinos en México han pasado de ser un problema de seguridad a un "ecocidio silencioso".

En México los grupos delictivos no solo operan como generadores de violencia, sino como agentes de un ecocidio sistemático.
En México los grupos delictivos no solo operan como generadores de violencia, sino como agentes de un ecocidio sistemático. Créditos: Cuartoscuro
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Entrevista a Amílcar Salazar

En entrevista con Ana Francisca Vega para MVS Noticias, el periodista de Milenio, Amílcar Salazar habló del devastador impacto ambiental de los laboratorios clandestinos en México. Lo que comenzó como un problema de seguridad nacional ha evolucionado, tras más de dos décadas, en un ecocidio silencioso que contamina el subsuelo y genera daños físicos irreversibles tanto en quienes operan estos sitios como en las comunidades aledañas.

Del narco al desastre ecológico: Laboratorios clandestinos están envenenando el río Culiacán

Para dimensionar la magnitud de esta crisis, se llevó a cabo una investigación de seis meses que incluyó la recolección de muestras de tierra en laboratorios asegurados de Durango y Sinaloa. Los hallazgos, respaldados por expertos de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, revelan una realidad alarmante.

Según confirmó el Dr. Jorge Alberto Mendoza Pérez, el subsuelo presenta una alta concentración de químicos tóxicos derivados de la producción de drogas, los cuales son drenados directamente desde la sierra hacia los cauces de agua, amenazando seriamente afluentes principales como el río Culiacán.

Estas evidencias plantean un cambio de paradigma en la seguridad nacional: los grupos delictivos no solo operan como generadores de violencia, sino como agentes de un ecocidio sistemático que destruye el ecosistema mexicano.

Cuartoscuro  

"Cara de viejitos": El costo humano de la droga 

La crisis también tiene un rostro humano que ha sido identificado por los primeros respondientes de salud en las zonas serranas. De acuerdo con testimonios de enfermeras que atienden a los llamados “cocineros” de la droga, la exposición constante a sustancias químicas les provoca daños físicos severos. Muchos de estos trabajadores son conocidos localmente como de “cara de viejitos”, ya que su aspecto refleja un envejecimiento acelerado, muy por encima de su edad real.

Amílcar Salazar menciona que las personas de esta zona acuden con frecuencia a clínicas rurales en busca de sueros intravenosos y alivio para dolores de cabeza persistentes, consecuencia directa de la inhalación de químicos. El personal médico también los reconoce por el fuerte olor a sustancias tóxicas que emana de sus cuerpos, una señal más del deterioro que padecen.

Sedena y FGR aseguran laboratorios pero abandonan la limpieza del subsuelo tóxico

Uno de los puntos más críticos señalados en la investigación de Salazar es la ausencia de un protocolo efectivo para la remediación de suelos tras los operativos oficiales. Aunque instituciones como la Sedena, la Marina y la FGR cuentan con procedimientos propios, el proceso resulta insuficiente y suele quedar incompleto.

Tras el aseguramiento del lugar, la fiscalía generalmente contrata empresas para retirar contenedores y sustancias destinadas a la incineración, pero el suelo contaminado queda en el olvido. Nadie asume la limpieza del subsuelo debido a los elevados costos de remediación y a la compleja geografía de la sierra, que impide el acceso de equipos especializados.

Al final, estos sitios quedan atrapados en un limbo legal y ambiental; una vez cerradas las actas ministeriales, los predios son abandonados, permitiendo que los residuos químicos se filtren al ecosistema de manera indefinida.

La investigación de Amílcar Salazar abre un debate sobre la necesidad urgente de una política integral que trascienda el simple decomiso. Sin garantías para la restauración de los suelos afectados, el impacto de los laboratorios clandestinos seguirá creciendo; dejar estos químicos a la deriva es permitir una herida abierta que continuará dañando a las comunidades y al medio ambiente por generaciones.