A pocos días del gran domingo del Super Bowl LX, la intercepción de Malcolm Butler sigue siendo la sombra más alargada que oscurece el vestidor de los Seahawks. El próximo 8 de febrero, el Levi's Stadium de Santa Clara será el escenario de un reencuentro que parece guionizado por el destino.
Aunque han pasado más de diez años desde que el trofeo Vince Lombardi se le escapó de las manos a Seattle, el aire en las concentraciones de ambos equipos se siente cargado de una nostalgia eléctrica que solo un error histórico de tal magnitud podría provocar.
La intercepción de Malcolm Butler en la yarda 1
Todo se reduce a un segundo y gol en la yarda uno, con 26 segundos en el reloj durante el Super Bowl XLIX. En lugar de entregarle el ovoide al running back Marshawn Lynch, el coach Pete Carroll optó por un pase rápido que terminó en la intercepción de Malcolm Butler, un novato que ni siquiera había sido drafteado.
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Butler recordó que días antes, en la práctica, falló exactamente en esa jugada, pero en el momento cumbre, leyó el movimiento de Ricardo Lockette y selló la victoria para Tom Brady. El impacto fue tal que el propio Brady le regaló su camioneta de premio al joven defensa, mientras el mundo del futbol americano veía cómo una posible dinastía en Seattle se desmoronaba por "no correr el balón".
Un trauma que rompió el vestidor de los Seahawks
Las consecuencias de aquella jugada fueron devastadoras para la moral de Seattle; jugadores como Richard Sherman y Michael Bennett jamás perdonaron que no se le diera el balón a Lynch, generando una fractura interna que duró años.
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Pete Carroll defendió su decisión como "lógica de juego", pero el sentimiento de haber tirado la gloria en la yarda uno persiguió a Russell Wilson hasta su salida del equipo. Hoy, esa jugada se considera un "desgarro en el continuo espacio-tiempo" de la NFL, siendo el motor emocional que impulsa este nuevo enfrentamiento.
Santa Clara 2026: La nueva era de Maye y Darnold
El panorama actual del Super Bowl LX presenta caras nuevas pero la misma urgencia de gloria. Los Patriots, ahora bajo el mando de Mike Vrabel, confían en el joven Drake Maye para alcanzar su séptimo título histórico y romper el empate con los Steelers.
Por su parte, los Seahawks de Mike Macdonald llegan liderados al Super Bowl LX por un inspirado Sam Darnold, quien ha elogiado el liderazgo de su rival. Con el espectáculo de Bad Bunny en el medio tiempo y una transmisión especial de la NBC desde la isla de Alcatraz, el escenario está listo para intentar sepultar, o vengar, el recuerdo de la intercepción de Malcolm Butler.
