La crianza de los hijos es uno de los retos más complejos para los padres, y a menudo, la falta de herramientas lleva a etiquetar a los pequeños como "problemáticos". Sin embargo, la psicóloga y psicoterapeuta Milena González propone un cambio de paradigma en su libro "No hay niños difíciles". Para la experta, es fundamental entender que detrás de las conductas desafiantes o los berrinches existen necesidades no satisfechas y una falta de madurez emocional que requiere el acompañamiento empático de los adultos.
Crianza Asertiva: El equilibrio entre amor y límites
González defiende el concepto de crianza asertiva, un modelo donde el afecto y la firmeza no son opuestos, sino complementarios. Según la especialista, el niño construye su identidad a través del trato que recibe de sus figuras de apego. Educar con respeto implica:
- Validar la memoria emocional: Tratar con amor para que el niño se sienta capaz y fuerte.
- Fomentar la responsabilidad: Nombrar y alentar las pequeñas decisiones de los hijos para mejorar su control de impulsos.
- Establecer límites protectores: Entender que la frustración es parte del aprendizaje humano y no un trauma, siempre que haya acompañamiento.
Los 9 rasgos del temperamento infantil
Para gestionar adecuadamente los (berrinches ), es vital reconocer que cada niño tiene un temperamento único. González identifica nueve rasgos clave que determinan cómo un hijo reacciona ante el mundo:
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- Alta intensidad de respuesta: Dificultad para calmarse tras una emoción fuerte.
- Persistencia: Niños muy insistentes en sus deseos.
- Sensibilidad sensorial: Alta receptividad a estímulos externos.
- Perceptibilidad: Facilidad para distraerse.
- Adaptabilidad: Resistencia a los cambios de rutina o transiciones.
- Regularidad biológica: Irregularidad en sueños o comidas.
- Nivel de energía: Niños con un desborde constante de actividad física.
- Aproximación o evitación: Reacción ante situaciones o personas nuevas.
- Estado de ánimo: Tendencia a la positividad o al pesimismo.
Comprender estos rasgos permite a los padres dejar de ver a su hijo como "malo" y empezar a verlo como un ser con características específicas que requieren estrategias diferenciadas para evitar que escalen los berrinches.
¿Qué hay detrás de una rabieta?
Milena González explica que el mal comportamiento es solo la punta del iceberg. En el fondo de un niño enojado suele haber miedo a sentirse desvinculado de sus padres. Cuando el adulto no responde con calma, ese miedo se transforma en rabia y luego en tristeza.
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La clave no es acallar el llanto a toda costa, sino regular primero nuestras propias emociones. Como padres, debemos aceptar que el niño tiene derecho a no estar de acuerdo con nosotros y que nuestra labor es acompañar ese malestar sin romper el límite establecido. La comunicación efectiva y el respeto mutuo son las mejores herramientas para disolver los berrinches.
La técnica de las "3 P" para padres
Para aplicar la crianza asertiva en momentos de crisis, González recomienda la técnica de las 3 P, una guía práctica para actuar frente a las pataletas:
- Poner un límite: Ya sea verbal o físico (ej. "No se pega").
- Pensar en el motivo: Identificar qué causó la reacción (ej. "Estás enojado porque quieres ese juguete").
- Poner palabras y enseñar: Darle al niño la herramienta para actuar distinto (ej. "Pídeselo por favor").
Al final del día, el objetivo no es eliminar las emociones, sino enseñar a gestionarlas. Al validar la experiencia interna de los hijos, les brindamos el consuelo de saber que estamos ahí para ellos, incluso en medio de sus más intensos berrinches.
