En eventos masivos como el futbol, la interacción de factores psicosociales, como la identidad social exacerbada y la desinhibición por el consumo de sustancias como alcohol, junto con la adrenalina del entorno, intensifica la euforia y altera el comportamiento colectivo, podría incluso detonar conductas agresivas ante cualquier percepción de amenaza hacia el equipo favorito o al honor grupal.
Angélica Larios Delgado, académica de la Facultad de Psicología, señaló que las actividades deportivas, en especial la Copa Mundial de la FIFA 2026, generan intensidad emocional al conectar con aspectos individuales y colectivos. Por ejemplo, desde el sentido de identidad con el juego y el equipo hasta la sensación de logro, esta relación constituye el primer factor de riesgo para que las emociones escalen.
El futbol, como cualquier otra disciplina, no puede desvincularse de su entorno. En sociedades fragmentadas por la inequitativa distribución de la riqueza y la violencia institucional sistemática, el deporte opera como caja de resonancia que amplifica la reactividad de los sectores vulnerados, planteó la universitaria.
En este contexto, abundó que los desafíos sociales de la población tienden a acumularse y se agravan por la falta de gestión emocional y de cultura de aceptación. Por ejemplo, prioritariamente en el balompié hay sesgos de género mediante cantos homofóbicos que denigran a los jugadores al vincularlos con una preferencia sexual diferente. Estos factores interactúan de manera simultánea.
La Copa Mundial de la FIFA 2026 expone los contrastes de la sociedad: mientras en las calles domina el júbilo, la alegría y una cálida bienvenida a los turistas, en las periferias el festejo brota la brusquedad, ejemplo de ello son las hostilidades de algunos aficionados a las madres buscadoras, apuntó.
MUNDIAL
Mundial: Caja de resonancia que amplifica emociones
En sociedades fragmentadas por la inequitativa distribución de la riqueza y la violencia institucional, el deporte amplifica la reactividad de los sectores vulnerados, explica la académica Angélica Larios.

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