Estos tiempos nuestros que estamos viviendo en este inicio del segundo cuarto del siglo 21, han modificado nuestra configuración psicológica y social. De pronto, a diferencia de cualquier otra etapa en la historia, el desarrollo exponencial y vertiginoso de las nuevas tecnologías con su inteligencia artificial han cambiado aceleradamente nuestra forma de ser, nuestros patrones de conducta, la manera como nos relacionamos, nuestros afectos, expectativas, ritos y símbolos, nuestras expectativas laborales.
Y esta nueva conformación psicológica y social ciertamente nos genera incertidumbre y con ella ansiedad y depresión, las grandes enfermedades del siglo 21, porque nos descubrimos diferentes de cómo éramos antes y, de repente, frente ante la presencia de una paulatina y aceptada deshumanización silenciosa que reduce nuestro apetito de futuro.
Estamos perdiendo la textura de lo humano: la conversación, la atenta escucha, la libre disponibilidad de nuestro tiempo, la contemplación de lo natural, el sentido del humor, la risa compartida, los contrastes, la duda, la contradicción, la paciencia, la esperanza, la compasión, la afabilidad por el otro, la solidaridad por la comunidad donde vivimos.
El hiperindividualismo, la reducción de las personas a perfiles, usuarios y datos manipulados con sesgos algorítmicos, la superficialidad, utilitarismo y fácil desecho de las relaciones humanas ha provocado nuestro distanciamiento con la empatía, el respeto, la tolerancia, la solidaridad con los demás y así ha surgido el aislamiento emocional, la fragmentación familiar y la polarización social. Esto ha incrementado la preeminencia del egoísmo sobre la solidaridad, el conflicto sobre la cooperación, la crueldad sobre la compasión, la destrucción sobre la creatividad humana, el odio sobre el amor.
El desafío es revertir al lado opuesto esa preeminencia e impedir o retrasar que las inminentes Inteligencias Artificiales Generales, el sistema de IA capaz de comprender, aprender y realizar cualquier tarea intelectual que un ser humano pueda llevar a cabo, disminuyan nuestra capacidad y libertad de expresión emocional y racional para la creatividad, la productividad y la convivencia sin conflicto.
El reto es aplicable en cualquier lugar del mundo porque se refiere a elementos universales de la esencia humana, independientemente del contexto cultural o geográfico en el que se desarrollen. Estos temas son la exploración permanente de la identidad humana, la necesidad del sentimiento de pertenencia, el movimiento pendular entre los contrastes emocionales, la capacidad de adaptación y supervivencia y el poder creativo de la imaginación humana. La reflexión y el diálogo intercultural y transversal sobre estos cuestionamientos es esencial para impedir la anulación de lo humano por la globalización tecnológica.
La sana crítica de nuestros valores, decisiones y responsabilidades en el presente es fundamental porque nos invita a la reflexión y a la resistencia:
¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar en nombre del desarrollo tecnológico?
¿A comprometer nuestra capacidad y libertad humana de expresión emocional y racional para la creatividad, la productividad y la convivencia pacífica?
¿A reforzar el hiperindividualismo y desdibujar nuestra capacidad de empatía, respeto, tolerancia, compasión y solidaridad?
¿Qué significa la libertad humana en una sociedad controlada por sesgos algorítmicos?
¿Estamos cediendo nuestra libertad, seducidos por las ventajas que ofrece la inteligencia artificial, a cambio de comodidad?
¿Aceptamos la hipervigilancia como precio de nuestra seguridad?
¿Utilizaremos la inteligencia artificial para mejorar el desempeño de nuestra mente y cuerpo y vivir más tiempo?
¿Qué tanta humanidad, tal como la conocemos, sobrevivirá cuando aparezcan seres humanos híbridos con programación genética e inserción nanotecnológica con inteligencia artificial en sus cuerpos?
¿Cuál de las inteligencias artificiales dominará nuestro planeta en el futuro inmediato?
Las respuestas no son fáciles. Nos encontramos en el vértice del cambio más trascendental en la historia de la humanidad, un cambio que nos enfrenta a retos no solo científicos y tecnológicos, sino también emocionales, éticos, existenciales.
Como son tantas las preguntas, llega un momento en que la ciencia no tiene todas las respuestas, es entonces cuando surge nuevamente la necesidad de cruzar las ventanas de la ciencia y el arte para intentar conocer las expectativas de lo humano en su irremediable convivencia con la inteligencia artificial. ¿Se necesitan recíprocamente? Definitivamente sí. La ciencia y el arte son dos campos de estudio diferentes, pero complementarios. La ciencia estudia los fenómenos naturales y la innovación tecnológica de manera objetiva, cuantitativa y exponencial y el arte proporciona una visión humana, emocional, subjetiva y creativa de la realidad. La ciencia y el arte se necesitan recíprocamente para que los humanos podamos comprendernos mejor frente al mundo que nos rodea y al futuro inmediato que viene.
De ahí que surjan expresiones artísticas que ofrecen una visión diferente para abordar la realidad. Una de ellas es la Ficción Cercana que se refiere a las narrativas que se enfocan en el impacto de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en la cotidianidad de un futuro tan próximo como una década o dos, y que propician la reflexión y el debate sobre sus implicaciones emocionales, éticas, sociales, ambientales, económicas, culturales y políticas. Al presentar narrativas sobre futuros inmediatos, palpables y verosímiles, con inclusión cultural e impactos éticos, las historias de la Ficción Cercana invitan a los lectores a pensar críticamente y a tener un diálogo informado y democrático sobre lo que viene y hacia dónde vamos, qué tecnologías vamos a adoptar, y cómo esas decisiones afectarán nuestras vidas en el futuro que estamos construyendo. La ficción cercana ofrece al lector algo simple y radical: personajes, tramas y lenguaje donde se reconozca, donde su cotidianidad aparezca desplazada apenas unos años hacia adelante, lo suficiente para verlo todo con más claridad y menos autoengaño. La ficción cercana propone la participación para ser cocreador de los futuros que hoy apenas imaginamos.
Por eso, desde un punto de vista psicológico, la ficción cercana ofrece una válvula de escape para las ansiedades colectivas, funciona como una terapia emocional que nos permite procesar nuestras inseguridades para sentirnos menos indefensos ante la incertidumbre de un mundo impredecible. Al nombrar nuestras ansiedades, las hacemos visibles y al hacerlas visibles las podemos transformar. Al imaginar situaciones adversas, nos preparamos psicológicamente para enfrentarlas. Desde la seguridad de la lectura de las narrativas de ficción cercana, experimentamos un simulacro emocional de ansiedad y depresión que provoca la incertidumbre de nuestro contexto, pero con trazos de esperanza.
Frente al pesimismo que pudiera surgir del avance acelerado de la tecnología con Inteligencia Artificial, las narrativas de Ficción Cercana reorientan, de una manera estética, terapéutica y esperanzadora, el profundo deseo e instinto humano de supervivencia.
Es imprescindible empoderar a las nuevas generaciones para rehumanizarse con una sólida educación en la casa y en la escuela que promueva valores humanos como la empatía, la solidaridad y el pensamiento crítico; la creación de espacios de diálogo donde los estudiantes puedan discutir las implicaciones psicológicas, éticas, sociales y ambientales de las nuevas tecnologías; la promoción del equilibrio entre el tiempo en pantalla y las interacciones personales y el impulso de actividades comunitarias y de voluntariado para fomentar la solidaridad y la inclusión. Es necesario estimularlos con la certeza y esperanza de que pueden ser copartícipes de un futuro mejor aún en medio del torbellino tecnológico y que es muy digno seguir siendo humanos.
El libro, INMINENTE. FICCIÓN CERCANA, no es una predicción de lo que será. Es una invitación a imaginar lo que podría ser el futuro, lo que queremos que sea y a trabajar colectivamente para hacerlo realidad. Las narrativas contenidas en el libro son solo faros en la oscuridad de la incertidumbre. No iluminan el destino final, pero sí marcan caminos posibles, preguntas esenciales, valores humanos a defender.
El viaje hacia el futuro es colectivo o no es. Cada una de nuestras decisiones, cada una de nuestras palabras, cada acción que realizamos o dejamos de realizar, contribuye a escribir ese futuro.
