Desde hace medio siglo ONU-Mujeres expuso en las declaratorias de los Derechos Humanos, el derecho de las mujeres a participar plenamente en la vida política y pública de su país, así como en la toma de decisiones. En su recomendación incluyó la obligación de los Estados de garantizar a las mujeres igualdad de condiciones y oportunidades para representar a su país en el plano internacional en programas, proyectos con organismos internaciones.
Con ello, buscó romper el techo de cristal en la conformación ideológica, política y cultural de los Estados. Aquel 1975 se sentaron las bases para un cambio en conformación, visión, instrumentación y acciones de los procesos vinculantes y compromiso políticos del Estado en cada país con respecto a las mujeres y la democracia paritaria.
Pero tendrían que pasar dos décadas más para que aquella primera declaratoria tuviera alas y se convirtiera en un programa de Acciones en Beijing en 1995 durante la IV Conferencia Internacional de la Mujer y se trazara la hoja de ruta con perspectiva
de género, empoderamiento de las mujeres y la observación internacional para garantizar un equilibrio en la representación, agenda y acciones afirmativas en la vida pública, política y de Estado.
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En México, a partir de 2019 se comenzó a impulsar la paridad política y de Estado, que busca disminuir la brecha de género que de forma sistémica constituyó y conformó las instituciones gubernamentales. Esta conformación igualitaria de hombres y mujeres en los tres niveles de gobierno ha cambiado las reglas y promovido acciones afirmativas en temas de salud, derechos humanos, impartición de justicia con perspectiva de género; diversidad sexo-genérica, violencia, cuidados y medio ambiente.
Pero no ha sido suficiente, aún falta inclusión, pasar de la cuota a la paridad, a la democratización de representación de las mujeres en los curules, en las instancias públicas, en la vida civil de nuestro país.
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La democracia paritaria es más que una equidad de hombres y mujeres en la toma de decisiones de la vida de un país, exigen una amplia construcción del poder social con programas, acciones afirmativas, leyes y garantías que nos representen a todas, a todos y todes, independiente del color e ideología partidista, sino desde una perspectiva diversa, plural e incluyente.
¿Hacia dónde se mueve la conformación del Estado en una política paritaria? Hacia la equidad y la inclusión, a la identidad institucional de acciones afirmativas, la democratización de las instituciones y la construcción de una ciudadanía sostenible. Para que ello sea posible, es necesario que cada país, adquiera un verdadero compromiso con la igualdad, la equidad y la inclusión, en la medida que rompe con viejos esquemas patriarcales del poder, la política y los Derechos Humanos.
Caminar hacia ese enfoque es romper con el techo de cristal donde por siglos han limitado la participación en la esfera pública a las mujeres, encasillado las funciones, opiniones y tomas de decisiones al voto y sin voz. Apostar por una democracia paritaria es diseñar a largo plazo, porque implica defender la construcción de la igualdad sustantiva que tiene efectos y eco de largo aliento,
donde lo humano es el centro de la conformación social del Estado.
Por ello, la voz, el quehacer legislativo, judicial y político en general de las mujeres es fundamental en la vida política y civil, marcando la diferencia de asumir la igualdad sustantiva.
Abramos la discusión: @salmazan71
