VIAJE EN BARCO

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Morir de hambre o de sed es algo terrible, una agonía lenta. ¿Se imaginan? Morir de sed rodeado de agua, escribe Héctor Zagal.

Elvis Francois, de 47 años
Elvis Francois, de 47 añosCréditos: EFE
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Esta semana me topé con la noticia de que la armada colombiana rescató a un náufrago en el Caribe. Elvis Francois, de 47 años, estuvo a la deriva durante 24 días hasta que, con un espejo, le hizo señas a un avión y se percataron de su presencia. Durante todo ese tiempo, el hombre sólo se alimentó de una botella de catsup, polvo de ajo y unos cuantos cubos de caldo. Para mitigar con la sed, recolectó agua de lluvia en una tela y de ahí la bebía

Durante un naufragio, la falta de comida y de agua amenaza a los sobrevivientes. Morir de hambre o de sed es algo terrible, una agonía lenta. ¿Se imaginan? Morir de sed rodeado de agua. Para sobrevivir en tales circunstancias aguza su ingenio y, en ocasiones, se cometen acciones impensables en la vida ordinaria   

Un caso tristemente célebre, representado por el famoso pintor Theodor Géricault, es el caso de la fragata La Medusa. La tragedia tuvo lugar en 1816, provocada por la torpeza e impericia del capitán. De los 400 viajeros, 150 personas no alcanzaron lugar en los botes salvavidas. Se improvisó una balsa de 15m por 8m. La idea era que los botes jalaran la balsa hasta la costa, pero el capitán Chaumareys decidió abandonarla por ser demasiada pesada.

Los tripulantes de la balsa experimentaron el infierno en la tierra, o en este caso, en el mar. Su único alimento era una caja de galletas, que sólo les duró unas horas. Para el tercer día comenzaron a practicar canibalismo con los cadáveres que había. Cortaban la carne en tiras y las dejaban secar al sol antes de comérselas.

En 1884, pasó algo similar con un yate inglés llamado La Mignonnett. Tras una fuerte tempestad, el barco naufragó. Sólo sobrevivieron cuatro integrantes en un bote salvavidas: el capitán, el piloto, un marinero y un joven grumete. Cuando las pocas provisiones que tenían se agotaron, cazaron una tortuga, pero les duró poco y el hambre regresó. El joven, enloquecido por la sed, bebió agua salada: enfermó gravemente. El capitán y el piloto decidieron matarlo. El marinero se negó. Al final,  gracias a la carne del joven sobrevivieron y fueron rescatados.

¿Saben qué platillos se sirvieron en el Titanic la noche cuando se hundió? El 14 de abril de 1912, se prepararon tres cenas a bordo del inmenso trasatlántico, dependiendo de la clase en que se viajaba

El menú de la primera clase fue diseñado por el famoso cocinero Auguste Escoffier. Consistió en diez tiempos y postres varios: canapés de langostinos, ostras gratinadas al champagne, salmón hervido en caldo corto con salsa muselina y pepinos, pierna de cordero en salsa menta, pichón asado con berros, paté de foie-gras y la lista sigue… Y ya no hablemos de los vinos y licores.

A pesar de la menor calidad del menú de la tercera clase, en realidad era un lujo para quienes algunos de los viajeros. La mayoría de ellos eran migrantes pobres en busca de mejores oportunidades en Estados Unidos. Era impensable que para el almuerzo comieran sopa de arroz, pan fresco, galletas, ternera asada con salsa, maíz dulce y budín de ciruelas.

Ustedes, ¿han viajado en barco? Yo sí, un viaje corto. Fue en tercera clase. La comida no era mala, pero los camarotes eran horrorosos. Dormíamos debajo de la línea de flotación y el crujir de casco era siniestro.

(con la colaboración de Oscar Sakaguchi)

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@hzagal