Vivir en el campo de refugiados de Balata, Palestina

Los campos de refugiados están hechos de forma provisional con el fin de atender a poblaciones que se han visto afectadas y desplazadas por algún conflicto o guerra.

750 mil palestinos fueron desplazados de sus comunidades de origen (Imagen Ilustrativa)/Foto: Pixabay
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Entre 1947 y 1948, con la creación del Estado de Israel en el territorio de Palestina, unos 750,000 palestinos fueron desplazados de sus comunidades de origen y se convirtieron en refugiados. Con el paso de los años, esa población se ha multiplicado por causas naturales y por la agudización de la colonización y, actualmente comprende unos siete millones de personas que viven alrededor del mundo o en campos de refugiados como el de Balata. Sin embargo, el sueño de quienes viven en un campo de refugiados es regresar a sus comunidades de origen.

Mapa de la región, el marcador verde muestra la localización del campamento de refugiados de Balata
Mapa de la región, el marcador verde muestra la localización del campamento de refugiados de Balata

Balata es uno de los 19 campos de refugiados que hay dentro de Cisjordania, Palestina. Fue creado en 1950 muy cerca de la entrada a la ciudad de Nablus sobre un área de 0.25 kilómetros cuadrados en los que viven más de 27,000 personas, lo que lo convierte en el mayor campo de refugiados de Cisjordania por cantidad de población.

El campo de refugiados de Balata a la entrada Este de la ciudad de Nablus
El campo de refugiados de Balata a la entrada Este de la ciudad de Nablus

Los campos de refugiados están hechos de forma provisional con el fin de atender a poblaciones que se han visto afectadas y desplazadas por algún conflicto o guerra. En el caso de Balata, inicialmente se montó para atender a una población de 5,000 palestinos provenientes de 60 pueblos y ciudades diferentes, entre ellos Jaffa, Lydd y Ramleh, que ahora quedaron dentro de Israel. No obstante, este campo que se instaló para ofrecer una solución temporal lleva 72 años en operación, pero ahora la población es cinco veces más grande que en 1950, lo que provoca un severo problema de hacinamiento y una situación generalizada de precariedad.

El campamento de Balata cuenta con una infraestructura muy pobre, carece de espacios públicos e incluso gran parte de las calles son intransitables, otras son muy angostas y sólo es posible pasar por ellas a pie (a veces incluso hay que caminar de costado), apenas un par de ellas son lo suficientemente anchas como para que circule un vehículo. Además, muchas de las familias que ahí viven, requieren asistencia de organizaciones internacionales como la UNRWA, una agencia especializada de la ONU que atiende a la población refugiada palestina.

Una calle de Balata vista desde la ventana de una casa Jeziret Gallardo, 2015
Una calle de Balata vista desde la ventana de una casa/Foto: Jeziret Gallardo, 2015

La población de Balata pensaba que su situación no duraría mucho y podrían regresar a sus casas, sin embargo, un día las tiendas de campaña se convirtieron en pequeños cuartos para sus familias. Conforme la población creció, tuvieron que hacerse nuevos cuartos sobre el "área pública" y cuando esto dejó de ser una alternativa, la expansión continuó hacia arriba con casas de dos o hasta tres pisos. Asimismo, la población refugiada por supuesto no contaba con dinero para empezar una nueva vida y las casas se construyen de forma paulatina conforme las familias pueden costear la construcción de una nueva habitación.

Construcciones en Balata/Foto: Jeziret Gallardo, 2015
Construcciones en Balata/Foto: Jeziret Gallardo, 2015

Podría pensarse que una casa de dos o tres pisos es más que suficiente para una familia, sin embargo, casi siempre hay una habitación por piso, por lo que el hacinamiento es común y los servicios básicos se improvisan para proveer de agua y electricidad a las casas. Hablamos de que, por lo general, se encuentra una familia de 10 personas viviendo en una casa de una o dos habitaciones y quizás un pequeño baño, aunque, como sucede en México, en muchas de estas casas tienen televisión, pues hay muy pocas opciones de esparcimiento para chicos y grandes.

En el caso de los niños, son muy pocos los que logran llegar a la universidad, dentro de esos 0.25 km2 operan únicamente cuatro escuelas de nivel básico gestionadas por la UNRWA. Pese a la intervención de esta organización que procuran proveer de servicios de educación, salud o saneamiento a la población, la realidad es que la infancia en Balata es todo menos normal. Es común ver a niños caminando solos por las calles, la mayoría de ellos con cicatrices en la cara y con comportamientos relativamente violentos.

Sin embargo, el comportamiento violento de niños y jóvenes en Balata no es de extrañar, ya que viven bajo un continuo estrés debido a las incursiones semanales del ejército israelí para realizar arrestos y otras operaciones, de hecho, la misma UNRWA detalla que los residentes han reportado que el campo es utilizado por el ejército israelí como sitio de entrenamiento, por lo que los enfrentamientos entre los habitantes del campo y el ejército son comunes. Varias casas tienen agujeros de balas y otros daños causados por armas, también es común que algunas noches las familias despierten sofocadas por gases lacrimógenos que el ejército israelí lanza contra las casas de forma indiscriminada.

En el campo de Balata, que hoy en día es más bien una pequeña ciudad, hay tiendas de comestibles, tiendas de falafel y algunas otras donde se pueden comprar frutas, verduras y carne. Quienes tienen una tienda dentro de la “ciudad” son familias que han logrado ahorrar dinero durante más de 10 años para hacerlo posible, pues con la falta de educación, también viene la falta de oportunidades laborales, de hecho, la tasa de desempleo es del 70%, una de las más altas en Palestina.

El tema de las personas refugiadas en Palestina es uno de los puntos más álgidos dentro del conflicto palestino-israelí y, en vez de buscarse soluciones a los millones de personas que perdieron la posibilidad de regresar a sus hogares, Israel implementa estrategias diversas para seguir desplazando progresivamente a la población palestina y, en su lugar, reemplazarla con población judía.

Todo esto ocurre ante los ojos de los países que condenan otras prácticas antidemocráticas y violentas como la actual invasión y guerra en Ucrania que ha provocado la crisis de "refugiados" más rápida en Europa después de la Segunda Guerra Mundial y coloco entre comillas refugiados ya que muchas personas ucranianas que han huido de la guerra no se consideran refugiadas ya que no requieren solicitar asilo en los países europeos. Sin embargo, en este tipo de conflictos, el trato y la cobertura mediática que reciben las personas desplazadas y refugiadas va en función de su nacionalidad, de su etnia o de su color de piel.

Al menos en el caso palestino, parecen no verse soluciones a la crisis de refugiados que va en aumento día con día, las condenas que hacen las organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional a las prácticas expansionistas y de apartheid por parte de Israel no son suficientes, se necesita mayor cobertura y sensibilización para que todas las personas refugiadas del mundo reciban un trato igualitario, digno y que se protejan sus derechos. Tal vez solo el tiempo se encargará de hacer justicia por aquellas personas a las que el mundo decidió ignorar.

Jeziret Gallardo

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