La confirmación de casos de gusano barrenador del ganado (GBG) en la entidad ha encendido las alertas no solo en el sector ganadero, sino también en la población en general.
Aunque esta plaga afecta principalmente a los animales de sangre caliente, la pregunta obligada es: ¿qué pasa si una persona se infecta?
La miasis humana, causada por la larva de la mosca Cochliomyia hominivorax, es una realidad documentada en México, y reconocer sus síntomas a tiempo es vital para evitar complicaciones graves.
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Estos son los síntomas del gusano barrenador en humanos
Los síntomas en una persona infectada por gusano barrenador suelen manifestarse entre 1 y 3 días después de que la mosca deposita sus huevecillos en una herida abierta (una cortada, un rasguño o incluso la picadura de una garrapata). La evolución del cuadro clínico es la siguiente:
- Fase inicial: La persona comienza a experimentar un dolor intenso y punzante en la herida, mucho mayor al que se esperaría por una lesión similar. Pronto aparece una sensación de movimiento bajo la piel, lo que clínicamente los pacientes describen como "algo que se retuerce". La herida empieza a supurar un líquido sanguinolento o amarillento.
- Fase avanzada (72 horas): El dolor se vuelve insoportable. La herida adquiere un olor fétido y característico, y al observarla con detenimiento, las larvas ya son visibles a simple vista, alimentándose del tejido vivo. La zona alrededor de la lesión se inflama severamente.
- Complicaciones graves: Si no se extraen a tiempo, las larvas pueden migrar hacia tejidos profundos, llegando a músculo o incluso a cavidades como la órbita ocular, el oído o la nariz. Si la infección alcanza el ojo, puede provocar pérdida de la visión; a nivel sistémico, la entrada de bacterias puede derivar en infecciones generalizadas (septicemia) que ponen en riesgo la vida.
De acuerdo con datos oficiales, hasta abril de 2026 se habían registrado más de 400 casos humanos acumulados en México, con 78 activos y lamentablemente, 3 defunciones confirmadas a nivel nacional.
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¿Qué hacer ante la sospecha de una infestación?
Las autoridades sanitarias son contundentes en este punto: no se debe intentar extraer las larvas por cuenta propia. La automedicación o los remedios caseros no detienen el avance de la infección.
El procedimiento médico estándar consiste en la extracción manual y quirúrgica de las larvas por parte de personal de salud capacitado, así como la limpieza y desbridación del tejido necrosado. El tratamiento se complementa con antibióticos para combatir la infección bacteriana secundaria.
Si una persona presenta una herida que no sana y nota cualquiera de estos signos (dolor desproporcionado, sensación de movimiento o supuración fétida), debe acudir de inmediato a la clínica u hospital más cercano. La prevención más efectiva sigue siendo cubrir cualquier raspón o cortada, por pequeña que sea, y mantener una higiene rigurosa.
